Estoy escuchando la parte que me falta del debate que organizó Radio Telperion sobre el estado del rol en España. Mientras tanto, quiero dejar una nota sobre la reciente aparición de microeditoriales (algo que muchos venimos predicando desde hace años y por fin se hace realidad). Hoy día, las microeditoriales de rol en España (y en cualquier parte del mundo hispano) enfrentan un problema algo curioso. En los últimos diez años, gracias a los avances informáticos producir un libro —y por tanto, un juego de rol— es algo que está al alcance de cualquier persona. Sin embargo, los medios de distribución siguen estando bajo el control de unos cuantos.
Me explico. Hoy día es posible publicar un juego de rol de buena calidad (o al menos con la misma calidad que ofrece cualquier editorial bien establecida) con un ordenador, muchas ganas, y amigos que te apoyen. Hay trabajos impresionantes: RyF, Haunted House, Tropas Galácticas… Sin embargo, estos trabajos tienen muchos problemas para llegar a los aficionados, porque no hay canales para que las microeditoriales puedan hacer llegar estos juegos al público. En Estados Unidos, las microeditoriales se sirven de medios de distribución alternativos, pero más o menos acentados: las grandes convenciones nacionales (de las cuales dependen también muchas editoriales de mediano tamaño), los enormes foros de rol internacionales (RPG.net) y una enorme cantidad de prensa amateur en forma de blogs. Sin embargo, incluso en Estados Unidos, las microeditoriales más exitosas terminan por depender de la distribución tradicional. Los canales alternativos no son suficientes.
En España, igual que en el resto del mundo hispano, esos canales de distribución alternativos son mucho más reducidos. A falta de intermediarios que ayuden a difundir y vender estos nuevos juegos, este esfuerzo titánico no está teniendo la respuesta que se merece. ¿Hay soluciones? Como se ha comentado en varias partes, crear sociedades, cooperativas o similares que aglutienen esfuerzos publicitarios y de distribución para las microeditoriales podría ser una salida (pero si no ha sucedido, es quizá porque la persona o persona que debe liderar ese proyecto todavía no existe o no está lista o no tiene aún la capacidad). Otra posiblidad, que no habría que dejar de lado, es considerar seriamente la posibilidad de empezar a publicar en inglés a la vez que en español, y empezar a aprovechar esos canales. Claro que no son soluciones óptimas, pero por alguna parte se tiene que empezar.